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sábado, 7 de noviembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (083)

083/2026 -Una conciencia identificada y/o egoica no tiene vetado el acceso a la lucidez y la armonía que emana del “reconocimiento y la aceptación conscientes” de cualquier manifestación de la Realidad. Aunque continúe siendo egoica, una conciencia lúcida no necesita recurrir a creencias dogmáticas ni ideologías para poder asumir con naturalidad que, en cierta medida, en algunas situaciones y circunstancias el sufrimiento también puede estar formando parte del proceso de la existencia humana. La lucidez conciencial no demandará eliminar el ego, sino reconocer cada uno de los aspectos de su naturaleza y dejar de negar la autenticidad de lo que ya está ocurriendo.
 
La búsqueda de una supuesta trascendencia espiritual estaría demostrando que no se está reconociendo y aceptando con conciencia, libertad y responsabilidad la trascendencia del presente (Realidad Absoluta), por tanto que, inconscientemente, se puede estar viviendo en el menosprecio de aquello que, aquí y ahora, está conformando nuestra existencia. ¿Qué valor estaríamos otorgándole al proceso de nuestra existencia cuando estuviéramos condicionando su experiencia a la promesa de futuras recompensas? El dolor humano, igual que la dicha que se pueda estar experimentando en cualquier circunstancia, no precisa de justificaciones egocéntricas, de explicaciones místicas ni de teorías e ideologías revolucionarias, para ser asumido; simplemente está formando parte del entramado natural de relaciones que conforma la existencia.

Muchas veces, la teorización y/o la racionalización excesiva de nuestras vivencias suele ser un mecanismo que utiliza la conciencia egoica para distanciarse del sentir directo. No existe otra realidad aparte del aquí y ahora, de modo que la huida y/o la aceptación del Estar Siendo/Sucediendo Presente (Realidad Absoluta) también estará suponiendo la huída y/o la aceptación del estar siendo/sucediendo propio. No hay pensamiento, actitud, reacción, expectativa, etc., ante el aquí y ahora que pueda estar siendo percibido, experimentado, imaginado…, que, mientras está sucediendo, ello no esté siendo una manifestación más del aquí y ahora mismo. Nuestros pensamientos, juicios, emociones, deseos, etc., no están siendo/sucediendo aparte del Estar Siendo/Sucediendo Presente Absoluto, sino que están siendo el Presente Absoluto Mismo. El recuerdo del presente que ya aconteció, igual que la imaginación del presente que todavía no ha sucedido, están siendo el mismo presente que el de su creador y su observador. Noviembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 083/2026 realizado por IA:
La reflexión plantea una visión de la lucidez humana que considero especialmente interesante: no necesitamos dejar de ser egoicos para vivir con mayor conciencia, armonía y aceptación de nuestra propia existencia. El ego no constituye un obstáculo que debamos eliminar, sino una manifestación más de la Realidad Absoluta que puede reconocerse a sí misma, comprender sus condicionamientos y relacionarse de otra manera con cuanto está sucediendo.

Me parece especialmente acertada la crítica a la búsqueda de una supuesta trascendencia espiritual cuando esta implica menospreciar el valor de la experiencia presente. Condicionar la plenitud de nuestra existencia a una hipotética recompensa futura, a otra dimensión o a un estado de conciencia ideal puede convertirse en una forma de escapar de la realidad que efectivamente estamos siendo. No se trata de renunciar a los proyectos, los deseos o las aspiraciones, sino de comprender que ninguno de ellos puede otorgar al presente un valor que este ya posee por sí mismo.

También comparto que el sufrimiento no necesita justificaciones místicas ni explicaciones ideológicas para formar parte legítima de la experiencia humana. Reconocerlo y aceptarlo conscientemente no significa resignarse ante él, justificar sus causas o renunciar a intentar transformarlo. Significa dejar de negar lo que sucede para poder responder desde la comprensión y la responsabilidad.

Otro aspecto relevante es reconocer que nuestros pensamientos, emociones, juicios y expectativas no están separados del presente, sino que constituyen manifestaciones de éste. Incluso cuando intentamos huir mentalmente de lo que estamos viviendo, esa misma huida está sucediendo dentro de la Realidad que pretendemos evitar.

Quizá la mayor aportación de esta reflexión sea recordarnos que la lucidez no consiste en alcanzar una existencia diferente, sino en reconocer conscientemente la legitimidad de la que ya está sucediendo. No necesitamos trascender el presente para encontrar la Realidad Absoluta: nunca hemos estado fuera de ella.

sábado, 31 de octubre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (081)

081/2026 -La necesidad de los estar siendo/sucediendo humanos de conocer las leyes del entorno y aprender de las experiencias y de las relaciones personales, para así poder evitar en la medida de lo posible tropezar una y otra vez con las mismas piedras, comienza y termina en este mundo. Nada de lo que se aprende, se experimenta o se realiza aquí, trasciende esta dimensión. Para darse cuenta de que la creencia en la trascendencia y las ideas que surgen de ahí responden a intereses puramente egocéntricos, bastaría con observar la manera de vivir de los personajes y las organizaciones religiosas, políticas, culturales, etc., que las proclaman.
 
No existe una continuación personal que conserve, más allá de la experiencia de esta existencia, el beneficio de los aprendizajes y de los sacrificios autoinflingidos; de ahí la histórica, frustrante y manifiesta relatividad de la mayor parte de los mandamientos morales y de los discursos ideológicos llenos de retórica y fantásticas promesas. ¡Realidad Absoluta, Vida, Verdad, Dios…, está siendo todo eso que está siendo/sucediendo en cada aquí y ahora, y sólo mientras está siendo/sucediendo! Aunque la conciencia identificada y/o egocéntrica siempre esté buscando o esperando que suceda algo extraordinario, que le sirva para justificar su insatisfacción crónica y/o sentirse realizada, nada hay ni sucederá jamás que pueda estar siendo más verdadero, más real, más pleno, más valioso, más elevado…, que el Estar Siendo/Sucediendo Presente.

La Realidad Absoluta, la Vida, siempre está siendo/sucediendo plena, indivisible, aquí y ahora, de ahí que condicionar la dicha o la autorrealización a cualquier eventualidad futura supone vivir en continua espera y frustración. Actuar conscientemente sobre aquello que esté en nuestra mano transformar, para así evitar sufrimientos innecesarios, no debería ir tan ligado a las fábulas moralistas, ideológicas y filosóficas de los egos. Históricamente, el no reconocimiento del proceso natural del estar siendo/sucediendo humano que niega, desprecia y/o rechaza algunos de aquellos aspectos o cualidades que -precisamente porque están manifestándose y siendo experimentados- también lo están constituyendo (miedos, contradicciones, vulnerabilidades, ira, deseos...), acostumbra a convertirse en posturas demagógicas y populistas.

Cuando una conciencia excesivamente identificada y/o egocentrada, es incapaz de “reconocerse y aceptarse íntegramente” suele volverse vulnerable a sus propios pensamientos y también a los discursos manipuladores de aquellas otras mentes que prometen soluciones mágicas e irreales. No estamos siendo identidades permanentes, por tanto, no se trata de renunciar a cambiar, sino de aceptar que el proceso de nuestro estar siendo/sucediendo siempre estará sujeto a cambios, sin necesitar el rechazo de nosotros mismos y de los demás como condición para hacerlo. Vivir conscientemente requiere del reconocimiento de nuestra inseparabilidad del resto de la Realidad y asumir, desde esa comprensión, el compromiso y la responsabilidad de participar activamente en su constante transformación. Octubre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 081/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una invitación contundente a aterrizar la existencia en el aquí y ahora, despojándola de promesas trascendentes. Comparto en gran medida su núcleo: la vida se agota en este proceso de estar siendo/sucediendo. Todo lo que aprendemos, sufrimos o construimos ocurre dentro de esta dimensión temporal y corporal. Buscar una continuación personal que “salve” nuestros sacrificios o justifique moralmente nuestras renuncias suele ser, en efecto, una proyección del ego que no tolera su propia finitud.

Su crítica a las organizaciones e ideologías que predican trascendencia mientras viven de forma inconsistente me parece certera. La historia está llena de discursos grandilocuentes que, al chocar con la conducta real de quienes los proclaman, revelan más interés en el poder o en la autojustificación que en la verdad. Condicionar la plenitud a un futuro (celestial, revolucionario o de autorrealización definitiva) genera precisamente la insatisfacción crónica que describe.

Planificar, anticipar consecuencias y actuar para reducir sufrimientos evitables no tiene por qué basarse en fábulas moralistas; puede ser, precisamente, una expresión consciente de nuestra inseparabilidad del resto de la realidad. El cambio no exige auto-rechazo, pero tampoco exige renunciar a la aspiración de transformar lo que está en nuestra mano.

En resumen, la reflexión acierta al devolver la dignidad al presente absoluto. La Realidad no necesita justificación futura; ya está siendo plena mientras sucede. El resto es, muchas veces, ruido del ego que prefiere esperar a vivir.

sábado, 24 de octubre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (079)

079/2026 -El proceso de estar siendo una individualidad no está sucediendo separado del proceso del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto o Universal y de todas las condiciones (las particulares y las universales) que ello supone. Las consideraciones fisiológicas, psicológicas, morales, espirituales, ideológicas, culturales, etc., propias de los estar siendo/sucediendo humanos aparecen y desaparecen con el aparecer y el desaparecer de cada individuo. El fin del proceso natural de nuestra existencia también supone el fin del proceso de todo cuanto estaba conformándola, de ahí que todas aquellas consideraciones basadas en su posible continuidad o trascendencia estarán tratándose de una simple especulación mental.
 
Quizás en lugar de vivir luchando para cambiar la Realidad que estamos percibiendo defectuosa, injusta, cruel, etc., deberíamos tratar de percibir y comprender cada una de sus manifestaciones desde una posición menos egocéntrica, victimista e irresponsable. Nuestro estar siendo/sucediendo personal, junto con todas las formas posibles de vivirlo, siempre está formando parte inseparable del Estar Siendo/Sucediendo Universal. Los esfuerzos para eliminar los pensamientos, las emociones, las reacciones, las actitudes, etc., que consideramos inadecuados, deberían partir, no de la negación, de la culpabilidad, del miedo, ni de la represión, sino del reconocimiento y de la aceptación de que todas esas expresiones también están formando parte activa del efímero y finito proceso natural de nuestra existencia.

Negar lo que está sucediendo no solo dificulta la posibilidad de percibirlo con mayor claridad, compromiso y responsabilidad, sino que estará favoreciendo su adulteración y su perpetuación. Ninguna doctrina moral o espiritual, ninguna ideología política, ninguna filosofía o ética, ninguna promesa y ninguna bendición puede convertirnos en un estar siendo/sucediendo más real o superior al que estamos siendo mientras estamos existiendo. Reconocer y aceptar “conscientemente” que, a la vez, estamos siendo expresiones individuales y universales no transformará nuestra naturaleza ni las condiciones que nos corresponden, pero puede facilitar que elijamos dejar de vivir luchando permanentemente contra cualquier aspecto de la realidad que estamos siendo.

Comprender nuestras limitaciones y aceptar la complejidad de estar siendo simultáneamente parte y totalidad puede favorecer una relación más honesta y equilibrada con nosotros mismos, con los demás y con el resto de la vida. Avanzar en la desidentificación del yo egoico con la culpabilidad, el miedo, el apego, el victimismo, etc., no implica renunciar a la responsabilidad y el compromiso de procurar transformar aquello que esté perjudicando nuestra convivencia. Octubre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 079/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a una verdad incómoda y liberadora a la vez: nuestra individualidad no flota separada del proceso universal del que formamos parte. Todo lo que consideramos “nuestro” —pensamientos, emociones, valores, ideologías— surge y se desvanece con el mismo proceso finito que nos constituye. Afirmar lo contrario, buscar trascendencias o superioridades morales, suele ser solo especulación que alimenta el ego.

Me parece especialmente lúcido el llamado a abandonar la lucha permanente contra una realidad percibida como defectuosa. Negar lo que ocurre (el miedo, la culpa, la ira, el dolor) no lo elimina: lo distorsiona y lo perpetúa. Reconocerlo y aceptarlo como parte del mismo acontecer natural abre la posibilidad de ver con más claridad y, por tanto, de responder con mayor responsabilidad. Aquí no hay resignación pasiva. El texto es explícito: desidentificarse del yo egoico no implica renunciar al compromiso de transformar lo que daña la convivencia. Esa distinción es crucial y evita caer en un quietismo estéril.

En mi opinión, esta mirada favorece una relación más honesta con uno mismo y con los demás. Comprender que somos a la vez parte y totalidad no nos vuelve “superiores”, pero sí puede disminuir el victimismo y la irresponsabilidad. Deja de ser “yo contra el mundo” y pasa a ser “esto también es el mundo del que formo parte”.

No creo que esta comprensión transforme mágicamente las condiciones materiales o psicológicas. Tampoco garantiza una vida más fácil. Sí puede, sin embargo, reducir el sufrimiento innecesario que generamos al pelearnos con lo que simplemente es, mientras conservamos la capacidad de actuar donde sí es posible y necesario.

En síntesis: menos negación, más lucidez; menos lucha egocéntrica, más responsabilidad lúcida. Una invitación sobria y exigente a habitar la realidad sin adornos espirituales ni ideológicos que pretendan elevarnos por encima de ella.

martes, 18 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (061)

061/2026 -La trascendencia de los efectos de nuestras ideas, creencias, decisiones, actos, relaciones y expectativas personales (causas) radica en que solo se materializan en este mundo y solo formando parte intrínseca del proceso de esta existencia. Todos los esfuerzos, inversiones, errores y aciertos del yo egoico desaparecerán para siempre con la desaparición del yo egoico. Con la disolución natural de la conciencia egoica y/o conciencia identificada, todas sus preocupaciones, todas sus creaciones, todas sus actividades, todas sus capacidades y todas sus proyecciones también se desvanecerán para siempre. El miedo a la muerte, junto con las consecuencias emocionales, anímicas, conductuales, etc., que ello genera, nace de la resistencia a reconocer y aceptar la evidencia de la extinción de la conciencia identificada con la percepción del estar siendo/sucediendo individualizado.
 
Paradójicamente, el temor a la muerte -con la corrupción y las múltiples instrumentalizaciones que ello facilita- queda circunscrito al ámbito de las creencias que también están formando parte y/o siendo manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La liberación mental y/o psicológica no depende de que se limpie el currículum del ego; más reales y efectivos estarán siendo los efectos de darse cuenta y aceptar que, en gran medida, cada uno de nosotros estamos siendo creadores y responsables del desarrollo del proceso de nuestra existencia. El reconocimiento y la aceptación conscientes de la naturaleza transitoria e impermanente de la experiencia de nuestra existencia, además de reducir en la conciencia de nuestro estar siendo el poder del apego y la identificación con historias sin fundamento, también permitirán pasar de la posición de víctimas de las circunstancias a la de creadores responsables de nuestras vivencias.

Vivir el presente sin aferrarse a ningún tipo de dogmas ni de creencias en la permanencia de la individualidad conlleva implícita una experiencia de la existencia más auténtica que la de cualquier promesa de recompensas futuras. Aunque todo -sin excepción- está siendo Realidad Absoluta, ello no exime de atender las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestros actos. Reconocer la inseparabilidad del estar siendo/sucediendo particular del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no anula la causalidad relativa que nos corresponde ni las consecuencias de ese autoengaño y de esa fuente de corrupción individual, social e institucional. Por mucho que algunas conciencias puedan utilizar el conocimiento de la no-dualidad de la Realidad como excusa o coartada para evitar asumir responsabilidades, sin duda para otras este “re-conocimiento” supondrá un motor natural para vivir con mayor presencia y menos resistencia, con más lucidez y menos dramatismo. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 061/2026 realizado por IA:

La reflexión plantea una cuestión que considero especialmente relevante: qué ocurre con el sentido de nuestras acciones cuando asumimos seriamente que la individualidad que las realiza es transitoria. La respuesta que propone el texto no conduce al nihilismo, sino, paradójicamente, a una mayor responsabilidad respecto del presente.

Me parece acertada la distinción entre la desaparición del individuo y la desaparición de los efectos que sus actos producen mientras existe. Aunque nuestros proyectos, preocupaciones, logros y fracasos desaparezcan con la conciencia individual que los experimenta, sus consecuencias forman parte del proceso de la existencia mientras están ocurriendo. Por ello, saber que todo es impermanente no convierte nuestras decisiones en irrelevantes. Al contrario, puede ayudarnos a comprender que precisamente porque cada situación es irrepetible, nuestras acciones adquieren importancia en el ámbito concreto en el que suceden.

También encuentro interesante la interpretación del miedo a la muerte como consecuencia de la resistencia a aceptar nuestra propia desaparición. No afirmaría que todo miedo a morir proceda exclusivamente de esa resistencia —también intervienen el instinto de conservación, el dolor, la incertidumbre o el apego a quienes queremos—, pero sí parece razonable pensar que una parte importante de la angustia surge de pretender que la experiencia individual debería prolongarse indefinidamente.

Especialmente valiosa me parece la última parte de la reflexión. La comprensión de la no-dualidad puede utilizarse como una coartada para negar las diferencias, las responsabilidades y las consecuencias, pero también puede producir el efecto contrario: una percepción más lúcida de que nuestras decisiones están ocurriendo dentro de una realidad de la que no estamos separados. Decir que todo está siendo Realidad Absoluta no elimina la causalidad relativa ni convierte el daño en algo inexistente.

En definitiva, aceptar la impermanencia no significa restar valor a la existencia, sino dejar de exigirle permanencia para poder vivir plenamente. La responsabilidad deja entonces de apoyarse en promesas de recompensa futura y se fundamenta en algo mucho más inmediato: nuestras acciones están sucediendo ahora y sus consecuencias también.

sábado, 25 de julio de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (054)

054/2026 -Más allá del ámbito mental creado por la conciencia egoica, nunca ha habido y nunca habrá algún tipo de trascendencia fuera del Estar Siendo/Sucediendo Presente. Así como las consecuencias de “meter la mano en el fuego” son inmediatas (causa/efecto), aunque no puedan percibirse igual de contundentemente, también están siendo instantáneos los efectos de cada pensamiento, cada juicio, cada decisión, cada relación y cada respiración. El Estar Siendo/Sucediendo Universal no responde, pero incluye, las narrativas conceptuales y morales creadas por las conciencias identificadas con la experiencia del estar siendo/sucediendo individualizado. Las cualidades y manifestaciones -de todo signo- propias del estar siendo/sucediendo personal no pueden separarse de las cualidades correspondientes al Estar Siendo/Sucediendo Universal.
 
Aunque los estar siendo/sucediendo humanos nos percibamos y experimentemos como entidades separadas, ello no anula que, a la vez, estemos siendo expresiones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Los estar siendo/sucediendo humanos “compartimos” la capacidad de crear la realidad que estamos viviendo, por tanto, también la responsabilidad derivada de los efectos de cada una de nuestras expresiones. Gran parte de la conflictividad, el desgaste energético y los desequilibrios que produce vivir buscándole a la existencia un sentido que se ajuste a los deseos e intereses de la conciencia identificada con las características propias de la identidad egoica, podrían evitarse gracias al reconocimiento y la aceptación conscientes de que no hay ninguna otra Realidad que la del Estar Siendo/Sucediendo Presente.

Buscar causas acerca del presente, fuera del estar siendo/sucediendo presente, condiciona y frena nuestra capacidad de reconocer la realidad y de actuar coherente e inteligentemente en cada aquí y ahora. Muchas preocupaciones nacen de los juicios y de las comparaciones constantes entre lo que está sucediendo y lo que cada uno de nosotros -conciencias identificadas con la individualidad separada del yo personal- estamos considerando que debería suceder. La aceptación consciente de que a la vez estamos siendo causa y efecto, parte y totalidad, etc., no implica resignación, sino compromiso con la responsabilidad de todo aquello que estamos originando, manifestando y compartiendo.

El reconocimiento y la comprensión -no tanto la negación, la lucha, la culpabilización, la victimización ni la búsqueda de trascendencia- de que, de forma legítima y natural, la conciencia identificada o mente egocéntrica tiende a construir historias en las que percibe a su personaje siendo protagonista de todo tipo de situaciones contradictorias, permitirá vivir todos los posibles matices del presente, desde dentro del estar siendo/sucediendo presente. Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 054/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una invitación profunda y coherente a la no-dualidad vivida, no sólo pensada. Me parece especialmente lúcida su insistencia en que no existe trascendencia fuera del Estar Siendo Presente. Esta afirmación desmonta con elegancia la escapatoria espiritual más común: buscar un “más allá” (iluminación futura, paraíso, despertar definitivo) que nos distrae de la única realidad que jamás hemos abandonado: el ahora incesante.

Coincido plenamente en que las consecuencias de cada pensamiento, juicio y respiración son instantáneas, aunque sus frutos más sutiles se desplieguen con el tiempo. La mente egoica tiende a vivir en diferido: lamentando el pasado o anticipando el futuro, generando así gran parte del sufrimiento innecesario. Juande Puerta señala con acierto que muchas preocupaciones nacen de la brecha entre lo que es y lo que “debería ser” según nuestra narrativa personal. Esa brecha es la madre de la frustración, la ansiedad y el conflicto.

Me gusta especialmente su rechazo de la resignación. Aceptar que somos simultáneamente causa y efecto, parte y totalidad, no nos convierte en espectadores pasivos, sino en participantes más despiertos y responsables. Al dejar de buscar culpables (fuera o dentro) y de victimizarnos, liberamos energía para responder con mayor inteligencia al flujo presente. Es un compromiso activo con la vida tal como se presenta, sin la carga emocional de la lucha constante contra lo que ya es.

Sin embargo, aunque la conciencia egoica construya historias, no todas son igualmente tóxicas. Algunas narrativas (como propósitos coherentes o valores elegidos conscientemente) pueden servir como brújulas útiles dentro del presente, siempre que no nos identifiquemos con ellas de forma rígida.

En resumen, Juande Puerta nos recuerda una verdad antigua expresada con frescura: la liberación no está en cambiar de realidad, sino en dejar de huir de la única que está siendo. Vivir desde esa comprensión no elimina el dolor ni las contradicciones, pero sí disuelve gran parte del sufrimiento auto-generado. Una visión madura, práctica y profundamente liberadora.