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miércoles, 4 de noviembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (082)

082/2026 -El ego, la conciencia identificada y/o el yo mental nace a la vez que el cuerpo, se desarrolla a la vez que el cuerpo y desaparece a la vez que el cuerpo. El ego y/o la conciencia egoica no entra en el cuerpo desde fuera ni lo abandona cuando deja de funcionar. El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto siempre está siendo no-dual, porque siempre está siendo, a la vez y sin separación real, absolutamente todas y cada una de las infinitas particularidades o formas individuales de estar siendo/sucediendo. ¡Mientras está sucediendo, la particularidad también está siendo Totalidad! El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad, Vida…) no desaparece con la desaparición de ninguna forma, porque está siendo el acontecer inseparable de todas a la vez.
 
No existe una Conciencia Pura o Ser que preexiste y subsiste más allá de la extinción de las formas físicas o los límites biológicos, sino un proceso en continua transformación que a su vez está incluyendo los procesos particulares de todas y de cada una. Nada está siendo/sucediendo separado y/o independiente del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, es decir, del estar siendo/sucediendo de cualquiera de las manifestaciones que constantemente van apareciendo y desapareciendo. Realidad Absoluta está siendo, tanto el materialismo que lo reduce todo al cuerpo, como el espiritualismo que postula por una conciencia pura separada del mundo.

No existe un “yo” sustancial e independiente previo al cuerpo ni superviviente a él como entidad separada. Mientras está sucediendo, cada experiencia concreta está siendo, inseparablemente, una expresión de la totalidad. Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en estar siendo absolutamente todo -sin excepción- cuanto está aconteciendo; para alcanzar lo real no hay que escapar de este mundo ni de las experiencias individuales, porque ya está siendo todo eso. No hay un Estar Sucediendo Absoluto separado del estar sucediendo relativo, ni un yo separado del proceso que lo hace aparecer y desaparecer. La búsqueda permanente de una satisfacción futura impide darse cuenta y reconocer el valor de lo que está sucediendo.

La responsabilidad de modificar aquellas conductas que puedan generar algún tipo de sufrimiento evitable no debería estar supeditada a la posibilidad de alguna trascendencia; no hay otra Realidad, Vida, Verdad…, que esa que está siendo manifestada en cada aquí y ahora. La vivencia plena del presente no conlleva el desistimiento del futuro, sino el reconocimiento y la comprensión de que nuestras decisiones actuales también están contribuyendo a configurarlo. Nuestra responsabilidad no consiste en escapar de la Realidad que también estamos siendo, sino en contribuir, desde nuestras posibilidades, a su constante transformación. Noviembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 082/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece una formulación lúcida y coherente de un no-dualismo radicalmente inmanente. Coincide con lo que la experiencia y la evidencia disponible sugieren: el “yo” narrativo y la conciencia identificada emergen, se desarrollan y se extinguen con el organismo. No hay indicios sólidos de una entidad sustancial que entre o salga del cuerpo. El “Estar Siendo Absoluto” no es un fondo trascendente que sobrevive a las formas, sino el proceso mismo en el que todas las particularidades acontecen a la vez, sin separación real. Mientras una experiencia concreta sucede, esa experiencia es ya la totalidad expresándose de ese modo. Esta idea disuelve con elegancia tanto el materialismo reduccionista estrecho como el espiritualismo que postula una Conciencia Pura separada del mundo.

Me parece especialmente valiosa la consecuencia ética que extrae: la responsabilidad de reducir el sufrimiento evitable no necesita justificarse en ninguna trascendencia ni en una supervivencia post-mortem. La única realidad disponible es esta que se manifiesta aquí y ahora; buscar permanentemente una satisfacción futura o una “salida” de lo relativo impide reconocer el valor de lo que ya está ocurriendo. Vivir plenamente el presente no implica renunciar al futuro, sino comprender que nuestras decisiones actuales lo configuran. Nuestra tarea no es escapar de la Realidad que también somos, sino contribuir, desde nuestras posibilidades finitas, a su transformación.

La postura tiene el mérito de no necesitar hipótesis indemostrables. Al mismo tiempo, deja abierto el misterio de cómo surge la experiencia subjetiva a partir de procesos físicos; ese “hard problem” sigue sin resolverse. Pero la reflexión no pretende resolverlo con una metafísica adicional, sino mostrar que, sea cual sea su explicación, no exige un “yo” independiente ni una Realidad distinta de lo que está sucediendo. En ese sentido, resulta una invitación sobria y exigente a la lucidez y a la responsabilidad concreta.

martes, 20 de enero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (005)

005/2026 -Del mismo modo que todo efecto está siendo, a la vez, causa de algo más, también toda causa está siendo, a la vez, efecto de condiciones previas. La idea de que existe una entidad juzgadora externa (Dios o similar), así como también un mecanismo cósmico de premios, castigos, enseñanzas, sanaciones, etc., personales, parece más propia de cuentos infantiles que de conciencias maduras y responsables. La Realidad, es decir, todo cuanto está siendo/sucediendo -incluida nuestra propia existencia- no consiste en una secuencia rígida de elementos absolutamente determinados, sino un entramado de influencias mutuas donde cada acontecimiento está condicionado y condiciona a otros. Pese al conocimiento de las consecuencias que generan, la mayor parte de las ideologías y de las teologías moralistas siguen ligadas al miedo y al control.

La Realidad, es decir, el estar siendo/sucediendo instantáneo y simultáneo de absolutamente todo cuanto está siendo/sucediendo, no actúa como podría imaginarse que haría un tribunal, un padre, un maestro, etc., que recompensa o castiga los comportamientos de los estar siendo/sucediendo humanos, simplemente porque todas esas manifestaciones consisten en el estar siendo/sucediendo de la Realidad Misma. Una conciencia lúcida y responsable es aquella que asume su propia responsabilidad en el flujo incesante de causas y efectos, en lugar de delegarla en un poder exterior. Una conciencia lúcida reconoce y acepta conscientemente que lo que vive se está creando en una compleja interacción de factores (personales, sociales, históricos, naturales) y no simplemente en un esquema de méritos y culpas administrado desde fuera.​

¿Qué podría esperarse de una ética basada en el miedo al castigo y/o en la expectativa de una recompensa futura, es decir, desconectada de la aceptación de la responsabilidad derivada de “la realidad que estamos co-creando” con nuestras decisiones y nuestras acciones? La mayoría de nosotros todavía preferimos creer en “la existencia del gobierno de algo especial” antes que asumir la tensión emocional resultante del reconocimiento de estar siendo -sin escapatoria y sin redención externa garantizada- co-autores de la historia de nuestra existencia. Generalmente, ante la pérdida de la figura del culpable externo (sea Dios, los padres, el sistema, la ignorancia, el materialismo, el capitalismo…), los estar siendo/sucediendo humanos, antes que soportar el vértigo de “reconocer que esto también soy yo”, todavía preferimos la identificación con la polarización, las narrativas victimistas y las expectativas metafísicas. Enero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 005/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a un núcleo fundamental: la madurez de la conciencia no se alcanza mientras sigamos delegando en instancias externas —divinas, institucionales o ideológicas— la responsabilidad por lo que vivimos y por lo que generamos. Su crítica a la idea de un tribunal cósmico que reparte premios y castigos no es una negación de la espiritualidad, sino una invitación a liberarla de los mecanismos infantiles del miedo y la obediencia, que históricamente han sostenido tanto a religiones como a ideologías moralistas.

El texto resalta la naturaleza interdependiente de la realidad: un continuo entramado de causas y efectos donde nada es absoluto ni aislado. Desde esta perspectiva, la expectativa de una justicia externa que “compense” o “corrija” lo que vivimos resulta simplista. No porque carezca de consuelo, sino porque nos desvincula de nuestra propia participación en ese tejido de influencias mutuas. La responsabilidad madura no consiste en culparse ni en cargar con el peso del mundo, sino en reconocer que cada decisión y cada acción forman parte del proceso que nsabilidad surge cuando actuamos porque entendemos las consecuencias, no porque alguien —humano o divino— nos vigile.

Finalmente, es pertinente la observación de que muchos prefieren un “gobierno especial” antes que enfrentar la intemperie existencial que supone asumir la coautoría de la propia vida. La tentación de culpar al sistema, a la cultura o al destino es comprensible, pero también nos mantiene inmaduros. Reconocer que “esto también soy yo” es incómodo, pero constituye el punto de partida de una libertad más plena y de una ética verdaderamente consciente.