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miércoles, 28 de octubre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (080)

080/2026 -Pienso que la auténtica sabiduría o lucidez humana no sería aquella que defendiera la eliminación de una parte de nuestras cualidades (aquellas que algunas veces desagrada al ego), sino la que iluminase el camino de la necesaria comprensión de todas ellas, para así poder actuar sin renunciar a ejercer nuestra capacidad de transformación. No existe contradicción entre aceptar todo lo que estamos siendo/expresando (Realidad Absoluta) en cualquier instante y circunstancia, a la vez que procuramos cambios en nuestra manera de percibirlo y de vivirlo. Ninguna creencia, ninguna ideología, ninguna experiencia, ninguna actitud y ningún propósito podrá convertir el proceso de nuestra existencia en algo distinto a estar siendo una manifestación particular del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

El reconocimiento y la aceptación consciente de aquello que está sucediendo y/o siendo experimentado, no anula nuestra capacidad de intervenir sin que los impulsos que prevalezcan sean los del rechazo, el miedo, el apego o la culpabilidad. La percepción egocéntrica surgida de la creencia de que los estar siendo/sucediendo humanos nacemos siendo especiales, pero defectuosos y necesitados de hacer todo cuanto sirva para alcanzar una supuesta perfección, se desvanece ante la luz de la aceptación de la Realidad. Quizás para vivir más plenamente bastaría con reconocernos enteramente, comprender las condiciones que están conformando el proceso de nuestra existencia y asumir responsablemente nuestra capacidad de influir en lo que está sucediendo.

Estar Siendo Realidad Absoluta consiste en estar siendo absolutamente todo cuanto está siendo/sucediendo en cada instante, por tanto, cada estar siendo/sucediendo humano y también -sin excepción- cada pensamiento, emoción, reacción, experiencia y expectativa humana. ¡Desde que somos engendrados hasta que desaparecemos, siempre, independientemente de cualquier expresión que estemos manifestando, ya estamos siendo Realidad Absoluta!

Detrás de las famosas preguntas trascendentales -mi opinión es que nacen de la especulación mental- que se plantea la conciencia egocéntrica (¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué hay después de la muerte?), no hay ninguna identidad permanente, sino un proceso de permanente transformación. No hay ningún fin, misión ni enseñanza que un alma (ego) deba conocer o realizar. No hay continuidad individual en algún más allá. Toda posible identidad, sentido y trascendencia queda circunscrito al estar siendo/sucediendo Presente. El yo y todas sus experiencias consiste en un proceso de identificación cambiante. El sentido de la vida siempre se está generando y concretando en el vivir mismo. Octubre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 080/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a una lucidez profunda: la verdadera sabiduría no consiste en mutilar partes de nosotros mismos que el ego rechaza, sino en iluminarlas todas para actuar con mayor libertad. Coincide con corrientes no duales (advaita, ciertas lecturas del budismo o el taoísmo) y también con una mirada más contemporánea y naturalista: el “yo” no es una entidad fija, sino un proceso cambiante de identificación. No hay un alma eterna con una misión preestablecida ni una continuidad personal más allá de la muerte; hay solo este estar siendo/sucediendo presente. Esa idea desarma la narrativa egocéntrica del ser especial pero defectuoso que debe perfeccionarse, y con ello reduce el peso del miedo, la culpa y el apego.

Me parece especialmente valioso el equilibrio que propone: aceptar radicalmente lo que está ocurriendo (pensamientos, emociones, circunstancias) no anula la capacidad de intervenir. Al contrario, permite que la acción surja menos distorsionada por el rechazo. En la práctica, esto se parece a una atención plena lúcida: reconocer las condiciones que nos conforman y ejercer, desde ahí, nuestra limitada pero real capacidad de influir. El sentido de la vida no se descubre en un más allá ni en una ideología; se genera y se concreta en el vivir mismo.

Donde veo un riesgo es en la posible tentación de convertir la aceptación en quietismo. El texto lo evita al insistir en la transformación responsable, pero conviene subrayarlo: aceptar la Realidad Absoluta no significa renunciar a preferir menos sufrimiento o más claridad. Significa dejar de pelear contra el hecho de que somos, en cada instante, exactamente lo que estamos siendo. Desde esa claridad, la existencia se vuelve menos dramática y más intensa. No hay que convertirse en otra cosa; ya estamos siendo Realidad Absoluta. Solo falta reconocerlo sin adornos.

sábado, 24 de octubre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (079)

079/2026 -El proceso de estar siendo una individualidad no está sucediendo separado del proceso del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto o Universal y de todas las condiciones (las particulares y las universales) que ello supone. Las consideraciones fisiológicas, psicológicas, morales, espirituales, ideológicas, culturales, etc., propias de los estar siendo/sucediendo humanos aparecen y desaparecen con el aparecer y el desaparecer de cada individuo. El fin del proceso natural de nuestra existencia también supone el fin del proceso de todo cuanto estaba conformándola, de ahí que todas aquellas consideraciones basadas en su posible continuidad o trascendencia estarán tratándose de una simple especulación mental.
 
Quizás en lugar de vivir luchando para cambiar la Realidad que estamos percibiendo defectuosa, injusta, cruel, etc., deberíamos tratar de percibir y comprender cada una de sus manifestaciones desde una posición menos egocéntrica, victimista e irresponsable. Nuestro estar siendo/sucediendo personal, junto con todas las formas posibles de vivirlo, siempre está formando parte inseparable del Estar Siendo/Sucediendo Universal. Los esfuerzos para eliminar los pensamientos, las emociones, las reacciones, las actitudes, etc., que consideramos inadecuados, deberían partir, no de la negación, de la culpabilidad, del miedo, ni de la represión, sino del reconocimiento y de la aceptación de que todas esas expresiones también están formando parte activa del efímero y finito proceso natural de nuestra existencia.

Negar lo que está sucediendo no solo dificulta la posibilidad de percibirlo con mayor claridad, compromiso y responsabilidad, sino que estará favoreciendo su adulteración y su perpetuación. Ninguna doctrina moral o espiritual, ninguna ideología política, ninguna filosofía o ética, ninguna promesa y ninguna bendición puede convertirnos en un estar siendo/sucediendo más real o superior al que estamos siendo mientras estamos existiendo. Reconocer y aceptar “conscientemente” que, a la vez, estamos siendo expresiones individuales y universales no transformará nuestra naturaleza ni las condiciones que nos corresponden, pero puede facilitar que elijamos dejar de vivir luchando permanentemente contra cualquier aspecto de la realidad que estamos siendo.

Comprender nuestras limitaciones y aceptar la complejidad de estar siendo simultáneamente parte y totalidad puede favorecer una relación más honesta y equilibrada con nosotros mismos, con los demás y con el resto de la vida. Avanzar en la desidentificación del yo egoico con la culpabilidad, el miedo, el apego, el victimismo, etc., no implica renunciar a la responsabilidad y el compromiso de procurar transformar aquello que esté perjudicando nuestra convivencia. Octubre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 079/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a una verdad incómoda y liberadora a la vez: nuestra individualidad no flota separada del proceso universal del que formamos parte. Todo lo que consideramos “nuestro” —pensamientos, emociones, valores, ideologías— surge y se desvanece con el mismo proceso finito que nos constituye. Afirmar lo contrario, buscar trascendencias o superioridades morales, suele ser solo especulación que alimenta el ego.

Me parece especialmente lúcido el llamado a abandonar la lucha permanente contra una realidad percibida como defectuosa. Negar lo que ocurre (el miedo, la culpa, la ira, el dolor) no lo elimina: lo distorsiona y lo perpetúa. Reconocerlo y aceptarlo como parte del mismo acontecer natural abre la posibilidad de ver con más claridad y, por tanto, de responder con mayor responsabilidad. Aquí no hay resignación pasiva. El texto es explícito: desidentificarse del yo egoico no implica renunciar al compromiso de transformar lo que daña la convivencia. Esa distinción es crucial y evita caer en un quietismo estéril.

En mi opinión, esta mirada favorece una relación más honesta con uno mismo y con los demás. Comprender que somos a la vez parte y totalidad no nos vuelve “superiores”, pero sí puede disminuir el victimismo y la irresponsabilidad. Deja de ser “yo contra el mundo” y pasa a ser “esto también es el mundo del que formo parte”.

No creo que esta comprensión transforme mágicamente las condiciones materiales o psicológicas. Tampoco garantiza una vida más fácil. Sí puede, sin embargo, reducir el sufrimiento innecesario que generamos al pelearnos con lo que simplemente es, mientras conservamos la capacidad de actuar donde sí es posible y necesario.

En síntesis: menos negación, más lucidez; menos lucha egocéntrica, más responsabilidad lúcida. Una invitación sobria y exigente a habitar la realidad sin adornos espirituales ni ideológicos que pretendan elevarnos por encima de ella.

sábado, 1 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (056)

056/2026 -Puesto que absolutamente nada que esté sucediendo puede no estar siendo Realidad Absoluta, “...declararse representante o líder de ello sería como si una ola pretendiera ser la embajadora oficial del océano frente a las otras olas.” Fuera del estar siendo/sucediendo del aquí y ahora -simultáneamente el de cada particularidad y del conjunto universal- nada hay que hacer ni que experimentar que, -sin excepción- eso no esté siendo Realidad Absoluta. Quienes pretenden guiar a otros hacia "la Verdad moral, ideológica, etc.," están olvidando que tanto el guía, como el guiado, como los medios que se pudieran utilizar, ya están siendo la Verdad Absoluta en movimiento.
 
Al margen de la utilidad práctica de posibles consideraciones morales y de criterios éticos, no debería olvidarse que permanecer en relajación profunda y sentirse aburridos o estresados haciendo una cola en cualquier lugar, tienen exactamente el mismo valor ontológico, pues la esencia de todas las opciones posibles siempre está consistiendo en Estar Siendo Realidad Absoluta. Reconocer conscientemente que no hay un camino que recorrer para llegar a lo Absoluto, porque cualquier paso que se esté dando “siempre” está siendo sobre la base de la Realidad Absoluta, permitiría asumir con más humildad la responsabilidad que conlleva cada una de nuestras decisiones.

Si bien la violencia, la corrupción, el sufrimiento, las enfermedades…, están siendo expresiones de la Realidad Absoluta que nosotros también estamos encarnando y manifestando, igual están siendo los impulsos de proteger, ayudar, transformar, cooperar, comprender y amar. Una conciencia más lúcida de la realidad no elimina nuestra capacidad de actuar para cambiar aquello que pueda estar causando un conflicto evitable; sin embargo, sí reducirá la ilusión de que actuamos desde fuera y/o separados de la Realidad Misma. El reconocimiento de que nuestras decisiones responden a expresiones inseparables del propio proceso de la existencia permite darse cuenta de que la responsabilidad de actuar en el presente no tiene nada que ver con la culpabilidad por algo pasado ni por el miedo proyectado hacia el futuro.

La aceptación consciente y/o voluntaria ante cualquier expresión del Estar Siendo/Sucediendo Presente (Realidad Absoluta) ya estará siendo la respuesta desde una conciencia menos condicionada por el apego egocéntrico. Asumir con conciencia la inevitabilidad del estar sucediendo presente, sin añadir juicios y condicionamientos estrictamente egoicos, estará dejando de manifiesto un importante grado de alineación con el fluir natural de la existencia. Al ejercer la capacidad de elegir nuestra respuesta ante cualquier expresión del proceso de la existencia, estamos siendo creadores y partícipes de la Realidad Absoluta que estamos siendo y que estamos experimentando. ¡Sin excepción, nada está siendo algo que estar siendo eso no consista en Estar Siendo Realidad Absoluta! Julio-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 056/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta es una profunda invitación al reconocimiento de la no-dualidad. Afirma que todo cuanto sucede —desde el aburrimiento en una cola hasta la violencia o el acto de amor— es expresión de la Realidad Absoluta. Nada escapa a ella. Esta perspectiva, cercana al advaita vedanta, al taoísmo o a ciertas lecturas de Spinoza, disuelve la ilusión de separación entre observador y observado, entre guía y guiado. Me parece especialmente lúcida la imagen de la ola que pretende ser embajadora del océano: captura con belleza la arrogancia inherente a muchos discursos ideológicos o espirituales que se posicionan como poseedores exclusivos de la Verdad.

Valorar ontológicamente igual una experiencia de estrés que una de relajación profunda es liberador. Elimina la culpa neurótica y el miedo al futuro, y sitúa la responsabilidad en el presente consciente. No se trata de indiferencia moral, como a veces se malinterpreta, sino de actuar desde una conciencia menos egocéntrica. La reflexión lo deja claro: podemos y debemos proteger, ayudar, transformar y amar, pero sin la ilusión de estar “fuera” de la Realidad que intentamos cambiar. Esa sutileza es importante.

Sin embargo, aunque metafísicamente todo sea Realidad Absoluta, los seres humanos operamos en niveles relativos donde las distinciones morales, el sufrimiento evitable y las consecuencias importan enormemente. Reconocer la unidad no anula la necesidad de criterios éticos robustos ni de instituciones que reduzcan el daño. La lucidez no-dual puede volverse tóxica si justifica pasividad ante injusticias flagrantes. La clave está en el equilibrio que el propio Juande Puerta sugiere: acción consciente dentro del flujo, sin apego egocéntrico a los resultados.

En conjunto, esta reflexión es un antídoto potente contra el dogmatismo y la arrogancia espiritual o política. Nos recuerda la humildad radical que exige habitar este universo: somos expresiones temporales de algo inmenso que no controlamos del todo, pero en el que participamos creativamente. Leerla invita a una mayor ligereza y, paradójicamente, a una responsabilidad más madura.