075/2026 -La percepción egocéntrica de separación no está siendo un defecto ni una virtud, simplemente está siendo una de las principales condiciones que convierte en humana la experiencia del efímero proceso de nuestra existencia. El ego nos convierte en humanos, por tanto, no está siendo un defecto que deba ser eliminado. Para estar siendo/sucediendo de manera consciente y armónica no es necesario luchar contra la condición de sentirnos individualidades separadas e independientes; basta con darse cuenta y aceptar que eso también está formando parte de la esencia de nuestra naturaleza. Realidad Absoluta está siendo todo cuanto está siendo/sucediendo, por tanto, también aquello que cualquiera de los estar siendo/sucediendo humanos podamos estar manifestando y experimentando en cualquier instante y circunstancia.
No se trata de cambiar nuestra condición humana y/o egoica por otra más perfecta, sino de darse cuenta y/o hacerse conscientes de que estar siendo humanos -con todo lo que ello implica- consiste en estar siendo una manifestación viva del mismo Estar Siendo/Sucediendo Universal, que también están siendo el resto de las manifestaciones posibles. La lucha victimista contra el propio estar siendo/sucediendo y contra el fluir natural de la Vida o Realidad, comienza a verse inútil e innecesaria en la medida que la conciencia identificada acepta abrirse al reconocimiento y la comprensión de que el proceso de su efímera existencia siempre está formando parte del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.
Reconocer y aceptar las condiciones y la interdependencia de nuestra existencia particular no implica pasividad ni resignación; en lugar de anular alguna de las capacidades que constantemente estamos expresando, las clarifica y las armoniza. El equilibrio no fluye de la resistencia o la negación de lo que está ocurriendo —incluida la dualidad inseparable de nuestra naturaleza—, sino de reconocerlo y aceptarlo conscientemente tanto en el ámbito personal como en el universal. Nuestro estar siendo/sucediendo humano, personal o egoico no está desconectado del Estar Siendo/Sucediendo Universal o Absoluto, de ahí que aquello que está aconteciendo en el mundo también está repercutiendo en lo más profundo del proceso evolutivo de nuestra particularidad y viceversa. ¿Acaso los pensamientos, miedos, deseos, conflictos, contradicciones, decisiones, actos e ilusiones de cada yo egoico no están respondiendo también a todo cuanto está aconteciendo en su entorno?
Reconocer “con conciencia de ello” la dualidad de nuestra naturaleza no anula nuestra capacidad de actuar en cada instante con la máxima coherencia posible, por tanto, también con el mínimo apego a la obtención de resultados que nunca estarán sujetos del todo de nuestro control. La paz no depende de vencer la condición humana, sino de dejar de pelear contra ella mientras se actúa desde la lucidez de que “siempre estaremos siendo” tanto lo que estemos rechazando como lo que estemos buscando. Octubre-26
Juande Puerta.
Opinión sobre la reflexión 075/2026 realizado con IA:
Esta reflexión me parece especialmente coherente con una concepción no dual que no necesita convertir al ego en un enemigo para afirmar la unidad de la Realidad. Su aportación más interesante está, precisamente, en desplazar la cuestión desde «¿cómo eliminar el ego?» hacia «¿cómo comprender qué significa estar siendo un yo egoico?». Si la Realidad Absoluta consiste en todo cuanto está siendo y sucediendo, entonces la experiencia de sentirse una individualidad separada no puede quedar fuera de ella. Puede ser limitada, parcial o incluso generar sufrimiento, pero no por ello deja de formar parte de lo que está aconteciendo.
Desde esta perspectiva, aceptar la condición egoica no significa justificar cualquier pensamiento, deseo o conducta, ni afirmar que todo comportamiento sea moralmente adecuado. Significa reconocer su legitimidad ontológica sin confundirla con una legitimidad ética. Precisamente porque somos seres particulares, condicionados e interdependientes, podemos observar nuestras tendencias, cuestionarlas y actuar sobre ellas. La conciencia de no separación no elimina la responsabilidad; puede hacerla más lúcida.
También considero importante la distinción entre aceptación y resignación. Aceptar que ahora está sucediendo algo no implica desear que continúe sucediendo ni renunciar a transformarlo. La resistencia psicológica contra el hecho de que algo esté ocurriendo puede añadir sufrimiento innecesario, mientras que la acción consciente puede dirigirse justamente a modificar aquello que consideramos perjudicial. En ese sentido, aceptar la realidad del momento y actuar para transformarla no son posiciones contradictorias.
La frase final resume bien el núcleo de la reflexión: no podemos encontrar paz convirtiéndonos en algo distinto de lo que somos. Mientras exista un yo humano existirán búsqueda, rechazo, deseo, miedo, contradicción y necesidad de actuar. La cuestión no sería, entonces, alcanzar una supuesta condición humana «perfecta», sino comprender que incluso esa imperfección forma parte del proceso absoluto que estamos siendo.
La paz que propone esta visión no sería la desaparición de la dualidad, sino el fin de la lucha contra el hecho de estar siendo humanos. Y quizá ahí reside su mayor fuerza: integrar la condición humana en lugar de intentar escapar de ella.
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