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sábado, 19 de septiembre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (069)

069/2026 -¡Antes del Presente todo estaba siendo Presente, igual que después del Presente todo continuará siendo Presente! No existe ninguna otra Realidad que la que está siendo/sucediendo ahora. El pasado, junto con todas las manifestaciones o experiencias que lo conformó, fue un presente que murió para siempre, igual que el futuro será un presente que todavía está por llegar. Realidad sólo está siendo aquello que está siendo/sucediendo en este instante, de ahí la relevancia de “observar sin apego, miedo ni ansiedad” las imágenes o pensamientos de aquello que ya pasó y también las de aquello que todavía no haya sucedido. ¿Qué siembran, y qué frutos recogen, las mentes o conciencias identificadas con el yo egoico, así como las organizaciones de todo tipo (religiosas, ideológicas, políticas, culturales…) creadas por éstas, que basan sus objetivos en mantener vivos los fantasmas del pasado y las alabanzas hacia un futuro imaginario?
 
Básicamente, las dinámicas propias de las mentalidades atrapadas en el bucle temporal también se repetirán en el de la separación, el miedo, el victimismo, la ansiedad y la conflictividad, pues esas conciencias necesitan creer en todo aquello que les permita justificar su percepción del Presente (Realidad Absoluta). El Presente siempre está siendo impermanente, dinámico, en constante actualización, por tanto, libre de la culpa egoica por lo que ya desapareció y de la ansiedad y el deseo insaciable de las utopías. Las identidades apegadas a memorias del pasado y/o esperanzadas con un futuro prometido acostumbran a vivir instaladas en la frustración y la insatisfacción.

Reconocer y aceptar la naturaleza dinámica y cambiante del Estar Siendo Sucediendo -simultáneamente particular y universal- también conlleva el reconocimiento y la aceptación de que el niño (junto con todas sus posibles experiencias) que, según suele decirse, todos llevamos dentro, ya no existe: ya no está siendo real ni necesita toda la atención que el ego prescribe. A menudo, el recurso de sobreproteger, compadecer, etc., al niño que fuimos, no es más que una estrategia de la conciencia egoica para mantener vivas viejas identificaciones, identidades de víctima o apegos que nos impiden vivir con fluidez, lucidez, responsabilidad, madurez y plenitud la realidad y/o el ahora. El estar siendo de ayer se ha transformado en el estar siendo de hoy; ahora no hay otra forma de vivir en paz y armonía que la del “reconocimiento y la aceptación conscientes” de todo cuanto está siendo manifestado en el presente.

Por mucho que las conciencias más egocéntricas y victimistas se resistan a reconocerlo y aceptarlo, exactamente como está manifestándose, el presente ya está siendo la actualización y/o la sanación del pasado. Cada día puede verse de qué manera -en la política y en cualquier otro ámbito personal, familiar y social- las mentalidades más extremistas utilizan los conflictos acontecidos en el pasado para justificar la violencia y la frustración que les genera sus propias identificaciones. El aquí y el ahora actúa como un alquimista que transmuta las viejas percepciones, por eso, al asumir el presente (Realidad Absoluta) observando la ilusión de los efectos correspondientes a la identificación con el pasado, éste pierde gran parte de su carga emocional negativa. Septiembre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 069/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta apunta a una verdad profunda y liberadora: la única realidad tangible es el presente. El pasado ya no es; el futuro aún no es. Todo lo que experimentamos ocurre en este instante, y aferrarnos a memorias o proyecciones no hace más que alimentar el ego, el miedo y el conflicto. Coincido plenamente en que las identidades atrapadas en “lo que fue” o “lo que debería ser” generan bucles de victimismo, ansiedad y separación. Las organizaciones —religiosas, políticas o ideológicas— que se nutren de esos fantasmas perpetúan dinámicas de confrontación en lugar de fluidez.

El llamado a observar sin apego es, a mi juicio, el núcleo de la lucidez. Cuando dejamos de sobreproteger al “niño interior” como si aún existiera, dejamos de alimentar identificaciones que ya no corresponden a lo que somos ahora. El presente no solo actualiza el pasado: lo transmuta. Esa alquimia es real; cada momento consciente diluye la carga emocional de lo ocurrido.

Aunque el pasado no existe como realidad actual, su huella informativa sí puede servir de aprendizaje si se contempla sin dramatismo. Rechazar toda memoria por principio puede llevar a una forma sutil de negación. La clave no está en borrar, sino en no identificarse. Igual ocurre con el futuro: planificar con claridad no es lo mismo que aferrarse a utopías.

En definitiva, vivir instalados en el “estar siendo” es la vía más directa hacia la madurez y la paz. El presente, exactamente como se manifiesta, ya es la sanación. Todo lo demás es ruido del ego. Aceptarlo plenamente no es resignación: es libertad.

miércoles, 5 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (057)

057/2026 -Nada sucede fuera y/o siendo algo distinto a estar siendo Realidad, porque estar siendo Realidad consiste en el estar siendo de absolutamente todo -sin excepción- aquello que está sucediendo. La experiencia de la existencia no se valida por su calidad moral y/o por cualquier otro tipo de valoración, sino por el simple y puro hecho de estar aconteciendo. Los estar siendo/sucediendo humanos estamos siendo expresiones activas y temporales del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto que no podemos dominar, pero del que participamos activa y creativamente. La Vida de la que estamos formando parte -porque nuestro estar siendo/sucediendo también está siendo el estar siendo/sucediendo de la Vida- no consiste en la existencia de una identidad fija, sino en un proceso constante de actualización…, un flujo que nunca se detiene.
 
Cada uno de nosotros (nuestro cuerpo, nuestra identidad, nuestra historia, nuestros anhelos…) estamos siendo como una ola en el océano, como una hoja en el árbol, como una gota de agua en el río: aparecemos, transcurrimos por un tiempo determinado y luego nos disolvemos para siempre junto con las culpas, los méritos, las expectativas y las frustraciones que cada conciencia hubiera diseñado. Antes de aparecer la conciencia de estar siendo un yo separado, todo estaba siendo Realidad Absoluta, y después del fin de ese efímero proceso, todo continúa siendo Realidad Absoluta. El universo no realiza las anotaciones de moralidad que se inventa la conciencia egoica. El desgaste emocional y psicológico de la lista de éxitos y fracasos que vamos creando a lo largo de la experiencia de nuestra existencia revela su naturaleza mental y también que todo ello desaparecerá junto con la forma que lo contenía.

Reconocernos expresiones transitorias y finitas del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto facilita que la conciencia identificada con un personaje egoico perciba la experiencia del proceso de su existencia y su desaparición como algo natural contra lo que no es necesario luchar. Aunque no podamos controlar los vaivenes del océano, tampoco estamos siendo objetos flotantes arrastrados por la corriente. Del mismo modo, así como el árbol no lucha contra la caída de las hojas en otoño, cuando la conciencia asume las condiciones de su naturaleza, también acepta que su desaparición estará siendo solo un paso más del estar sucediendo y/o fluir universal.

El miedo humano más primario, el miedo a la muerte y al olvido, estará siendo tan legítimo y natural como cualquier otra expresión, por tanto, no debería emplearse para justificar la identificación egocéntrica con argumentos dogmáticos, ideológicos, culturales y filosóficos. El miedo -exactamente igual que el resto de las posibles manifestaciones humanas que suceden- no es un pecado ni un defecto espiritual, sino una respuesta biológica de la forma transitoria que se reconoce finita. Sin embargo, aunque el miedo es legítimo, históricamente algunas mentalidades e instituciones religiosas, políticas, ideológicas, etc., abusan del poder que ostentan gracias a su instrumentalización. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 057/2026 realizado con IA:

-La reflexión de Juande Puerta presenta una visión profundamente no dual de la existencia, en la que todo cuanto acontece forma parte de una misma Realidad Absoluta. Desde esta perspectiva, no existe un ámbito separado de la realidad ni acontecimientos que puedan quedar fuera de ella. Me parece una propuesta filosófica coherente en su planteamiento interno, especialmente cuando distingue entre la realidad de los hechos y las interpretaciones que la mente humana construye sobre ellos.

Uno de los aspectos más interesantes es la afirmación de que la existencia no necesita justificarse por criterios morales para ser real. Esto no implica negar la importancia de la ética en la convivencia humana, sino reconocer que la naturaleza no clasifica los acontecimientos en buenos o malos: simplemente suceden. La valoración moral aparece como una elaboración propia de la conciencia humana, necesaria para organizar la vida social, pero no como una característica intrínseca del universo.

También considero valiosa la metáfora de la ola, la hoja o la gota de agua para expresar el carácter transitorio de la identidad personal. Recordar que somos procesos y no entidades permanentes puede aliviar gran parte del sufrimiento derivado del apego a una imagen fija de nosotros mismos. Sin embargo, la reflexión evita caer en un determinismo absoluto al subrayar que, aunque no controlamos el océano, tampoco somos objetos pasivos arrastrados por la corriente. Participamos creativamente en el desarrollo de la realidad, aun sin dominarla por completo.

Otro punto destacable es la interpretación del miedo a la muerte como una respuesta biológica legítima y no como un defecto espiritual. Esta idea resulta especialmente liberadora porque normaliza una de las emociones más universales del ser humano y cuestiona las doctrinas que han utilizado ese miedo para ejercer poder o imponer creencias.

En conjunto, esta reflexión invita a vivir con mayor humildad, aceptación y responsabilidad. Comprender nuestra condición finita no conduce necesariamente al nihilismo, sino que puede favorecer una relación más serena con la existencia, reduciendo el peso de la culpa, el orgullo y la necesidad de trascendencia personal, sin renunciar por ello al compromiso consciente con la vida presente.