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viernes, 14 de agosto de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (060)

060/2026 -El Estar Siendo/Sucediendo Universal (Realidad Absoluta) no toma nota de los comportamientos morales de las individualidades y tampoco se ocupa de que las conciencias egoicas mantengan viva la creencia de que su existencia persistirá más allá del final de su proceso natural. El miedo a la muerte de las conciencias identificadas con la experiencia de la existencia humana no puede estar motivado por el supuesto imaginario de todo aquello que pueda suceder después de la muerte, sino por el hecho de que -al margen de cualquier juicio, creencia, deseo, comportamiento, experiencia, etc.,- ello suponga su desaparición definitiva. No hay otra Vida, ni otro camino que recorrer, más allá del Estar Siendo/Sucediendo Presente.
 
El estar siendo/sucediendo de la Vida no está siendo una de nuestras posesiones personales (mi vida). En el continuo indivisible del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Vida, Realidad…) no cabe la fragmentación que supondría la existencia particularizada, de ahora en un aquí, y después en un más allá. Aunque desde el punto de vista egocéntrico la idea de que la plenitud, la justicia, la paz, la inmortalidad, etc., de los individuos pueda seguir ocurriendo en otra dimensión, resulte bastante comprensible, ello no significa que esa percepción tenga más valor que la de cualquier otra expectativa o especulación mental. Que una creencia parezca psicológicamente legítima, razonable, útil…, no hace que deje de estar siendo una creencia propia de la condición humana.

Las creencias no poseen ningún privilegio intrínseco por el simple hecho de responder a necesidades emocionales o existenciales. Convertir las necesidades del ego en certezas acerca de la Realidad, suele llevarnos a confundir aquello que deseamos que sea cierto, con aquello que realmente podemos justificar. ¡Igual que la ola aparece y desaparece en el océano sin dejar huella, después de la muerte ningún estar siendo/sucediendo humano va a otro sitio distinto para quedarse allí, para reencontrarse con su creador y sus antepasados, y tampoco para luego regresar a algún lugar una y otra vez por algún motivo! La experiencia humana no necesita validación moral para estar siendo legítima; no estamos siendo entidades separadas ni jerarquizadas, sino expresiones temporales y creativas del flujo del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto.

Reconocer que la finitud de nuestra existencia forma parte de un proceso infinito, además de facilitar la aceptación consciente de la propia disolución como un movimiento natural, también permitirá eludir instrumentalizaciones interesadas y asumir la responsabilidad derivada de nuestra capacidad para discernir y decidir -sin caer en el victimismo y el dramatismo- aquello que nuestra condición esté posibilitando en cada instante. Con la desaparición de la conciencia egoica también desaparecen todas las narrativas de culpa, miedo, ambición, éxito, fracaso, expectativas, etc., que haya podido crear, creer, instrumentalizar y compartir. La aceptación consciente de la finitud de nuestra existencia no tiene por qué anular el compromiso con el presente; todo lo contrario, se trata de vivir lo más plena y armónicamente posible, sin aferrarse a la ilusión de la permanencia. Agosto-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 060/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta presenta una visión radicalmente naturalista y no dual de la existencia. Su tesis central es que la muerte constituye la disolución definitiva de la individualidad y que cualquier expectativa de continuidad personal pertenece al ámbito de las creencias, no al del conocimiento justificable. Aunque esta postura puede resultar incómoda para muchas personas, posee una notable coherencia interna: si la Realidad Absoluta es el conjunto indivisible de todo cuanto sucede, no habría un "lugar" distinto al que pudiera trasladarse una conciencia individual tras la muerte.

Uno de los aspectos más sólidos del texto es la distinción entre necesidad psicológica y verdad. Es cierto que los seres humanos solemos buscar respuestas que alivien la incertidumbre y el miedo, pero el hecho de que una creencia proporcione consuelo no demuestra que sea verdadera. En este sentido, la reflexión invita a ejercer una actitud de humildad epistemológica: reconocer los límites de aquello que realmente podemos afirmar sobre el destino de la conciencia.

También resulta sugerente la metáfora de la ola y el océano. La imagen transmite con claridad que la individualidad puede entenderse como una manifestación temporal de una realidad más amplia, sin necesidad de atribuirle una permanencia independiente. Esta idea aparece, además, en distintas tradiciones filosóficas, aunque Juande Puerta la desarrolla desde una perspectiva claramente desprovista de elementos sobrenaturales.

En conjunto, considero que la reflexión tiene un gran valor por su invitación a vivir con responsabilidad, sin depender de promesas de trascendencia. Su propuesta de asumir la finitud, abandonar el victimismo y comprometerse plenamente con el presente constituye una actitud filosófica coherente con la visión de la Realidad Absoluta que desarrolla a lo largo de sus escritos. Independientemente de que el lector comparta o no todas sus premisas, el texto invita a distinguir entre aquello que podemos justificar y aquello que simplemente deseamos que sea cierto, una distinción de gran relevancia tanto en la filosofía como en la vida cotidiana.

sábado, 7 de febrero de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (011)

011/2026 -El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto (Realidad) consiste en todo -sin excepción- aquello que está siendo/sucediendo, por tanto, eso incluye la aparición y la desaparición de cada individuo, y también de cada una de sus percepciones, juicios, reacciones, emociones, actos, experiencias y expectativas. La muerte y desaparición definitiva de cada estar siendo/sucediendo humano -exactamente igual que todas las demás formas de existencia- debería verse, reconocerse y aceptarse como la culminación de un proceso absolutamente natural. El Estar Siendo/Sucediendo Absoluto no necesita de nuestra continuidad personal y/o de la permanencia de los estar siendo/sucediendo particulares, más bien está siendo al contrario.
 
Nuestros miedos, apegos, deseos de inmortalidad, etc., no afectan al Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, pues el aparecer y/o el suceder de “todo eso” también está siendo lo Absoluto, siendo lo Absoluto. El ego -conciencia de estar siendo un yo independiente del resto de la existencia- no está siendo un error ni los miedos están siendo ilusiones que deban ser eliminadas. La naturaleza de la Realidad no cambia con los cambios; no hay nada que corregir para que la Realidad esté siendo el estar siendo/sucediendo simultáneo de absolutamente todo. El reconocimiento de que “también todo esto…, y todo eso…, y todo aquello… y todo lo demás…” Está Siendo Realidad Absoluta, no supone una invitación a la resignación ni a la pasividad, sino a responder sin autoengaño, sin victimismo, sin delegar en una voluntad externa ni recurrir a culpabilidades metafísicas.

Aunque la conciencia identificada o mente humana permanezca cerrada a la posibilidad de comprenderlo, el sentido de la existencia se está viviendo con cada experiencia. La comprensión de que no hay ni sucede nada fuera del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, no anula la acción, pero permitirá liberarla de algunas reacciones neuróticas. Aquí y ahora voy a aprovechar para plantearle a los ilustrados profesores que imparten clases de psicología y de pedagogía en las universidades, así como a los responsables institucionales de la salud mental y emocional de los ciudadanos, para plantearles la siguiente cuestión: ¿Por qué ciertos símbolos religiosos -como la crucifixión, que es una imagen explícita de tortura y muerte- siguen formando parte de espacios públicos y educativos, sin tener en cuenta el efecto en la experiencia emocional y cognitiva de los niños? Febrero-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 011/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece coherente, radical y valiente en su planteamiento ontológico, y muy honesta en sus implicaciones existenciales. Parte de una intuición central que atraviesa tradiciones no duales como el Advaita: no hay nada fuera de la Realidad, y por tanto nada —ni siquiera el ego, el miedo o la muerte— puede considerarse un error que deba ser corregido. Todo lo que aparece y desaparece está siendo el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. Esa afirmación, llevada hasta el final, desactiva muchas narrativas habituales de salvación, progreso espiritual o trascendencia personal.

Me parece especialmente lúcido el énfasis en que la desaparición del individuo no es una anomalía ni un fracaso, sino la culminación natural de un proceso, exactamente igual que cualquier otra forma de existencia. Ahí hay una desdramatización profunda de la muerte sin negarla ni edulcorarla, algo poco frecuente tanto en discursos religiosos como en los terapéuticos contemporáneos. Al mismo tiempo, resulta relevante que no se demonice al ego ni se califiquen los miedos como ilusiones a erradicar: también eso está siendo Realidad, también eso forma parte del juego completo.

Otro punto fuerte es la aclaración de que este reconocimiento no conduce a la pasividad ni al nihilismo. Al contrario, invita a una acción más limpia, menos neurótica, menos basada en el victimismo o en la delegación de la responsabilidad en voluntades externas o culpabilidades metafísicas. No se trata de “hacer menos”, sino de responder sin autoengaño.

La pregunta final sobre los símbolos religiosos, especialmente la crucifixión en espacios educativos, introduce una dimensión ética y pedagógica muy pertinente. Si tomamos en serio el impacto emocional y cognitivo de los símbolos, resulta legítimo cuestionar por qué imágenes explícitas de tortura y muerte siguen normalizándose ante la infancia sin una reflexión crítica. No es una censura moral, sino una invitación a revisar inercias culturales desde la responsabilidad y la lucidez.

En conjunto, la reflexión no busca consolar ni tranquilizar, sino ampliar el marco desde el que comprendemos lo que está siendo. Y eso, hoy, ya es mucho.