Mostrando entradas con la etiqueta milagros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta milagros. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de octubre de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (077)

077/2026 -Estar siendo una individualidad consiste en estar siendo una forma cambiante y pasajera de Estar Siendo Totalidad. Mientras que la individualidad tuvo un principio y tendrá un final, la Totalidad (Realidad Absoluta) continuará siendo/sucediendo. Reconocer y aceptar la singularidad de cada uno de nosotros no implica que estemos siendo/sucediendo al margen y/o separados de las condiciones, de las relaciones, etc., que están haciendo posible la experiencia de nuestra existencia en cada instante. Creer que sólo estamos siendo el yo que estamos creyendo ser (identificación), no deja ver con claridad que “a la vez” también estamos siendo todo lo que no podemos creer que estamos siendo.

Los límites de nuestra autopercepción egocéntrica no están siendo los límites de la Totalidad que también estamos siendo. Que el yo no exista independiente y/o separado de la Totalidad no significa que la experiencia de estar siendo un yo no esté siendo Realidad. Nada existirá ni sucederá jamás, que estar siendo ello y estar siendo todas sus posibles condiciones, manifestaciones, experiencias y expectativas, no estuviera consistiendo en Estar Siendo Realidad Absoluta. Realidad Absoluta está siendo tanto la lucha -y sus efectos- contra nosotros mismos y contra todo lo demás, como también está siendo Realidad Absoluta el reconocimiento y la aceptación -y sus efectos- de nosotros mismos y de todo lo demás.

Una conciencia identificada, pero a la vez comprometida y lúcida, está siendo aquella que en lugar de elegir luchar contra la parte que rechaza de su condición natural (sombra), opta por reconocerla y aceptarla sin renunciar a actuar inteligentemente. Nunca existirá una Realidad Superior a la que consiste en el estar siendo de exactamente todo eso -sin excepción ni separación- que está sucediendo y/o siendo manifestado y experimentado en cada aquí y ahora. No hay lucha contra algo, que a la vez no esté siendo contra lo opuesto, de modo que tampoco hay una lucha contra algo externo que a la vez no esté siendo contra algo propio.

El reconocimiento y la aceptación “conscientes” de que absolutamente todas las particularidades posibles están siendo la manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto nunca generará milagros ni efectos que no continúen consistiendo en una manifestación del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La creencia egocéntrica de que la aceptación consciente puede otorgar poderes extraordinarios y/o abrir una puerta hacia una Realidad Superior siempre quedará circunscrita al ámbito de las creencias egocéntricas. Octubre-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 077/2026 realizado con IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece una formulación lúcida y coherente de una visión no dualista que, sin caer en el misticismo fácil, insiste en la inseparabilidad de lo particular y lo absoluto.

Coincido plenamente en que la individualidad es una configuración temporal y cambiante de una Totalidad que no nace ni muere con nosotros. El error más frecuente no es reconocer la singularidad, sino creernos separados de las condiciones que la hacen posible. Esa identificación egocéntrica sí oscurece la evidencia de que, al mismo tiempo que somos “este yo”, también somos el entramado de relaciones, historias y procesos que lo sostienen. Los límites de la autopercepción no coinciden con los límites de lo real.

Aprecio especialmente el rechazo a la idea de una “Realidad Superior” que se alcanzaría mediante la aceptación consciente. Esa expectativa suele ser otra forma sofisticada de egocentrismo: la esperanza de que, al reconocer la sombra o al dejar de luchar, se abran poderes extraordinarios o se acceda a un plano privilegiado. La aceptación lúcida no produce milagros ajenos a lo que ya está sucediendo; simplemente cambia la calidad de la relación con lo que sucede. Luchar contra una parte de uno mismo sigue siendo, en última instancia, luchar contra lo propio. Reconocer esto no elimina el conflicto ni garantiza armonía; solo permite actuar con menos ceguera.

La conciencia identificada pero comprometida y lúcida que describes —aquella que acepta su condición natural sin renunciar a la inteligencia práctica— me parece la postura más madura y menos ilusoria. No promete trascendencia; promete claridad dentro de lo que ya es. Y eso, en mi opinión, es suficiente.

miércoles, 22 de abril de 2026

REFLEXIONANDO - 2026 (031)

031/2026 -La aceptación de la Realidad, es decir, de exactamente todo eso que está siendo/sucediendo en cada aquí y ahora -comenzando por el propio y/o personal-, no implica la renuncia a actuar para experimentarla armónicamente, sino que incluye el reconocimiento de que jamás será posible estar siendo/sucediendo al margen del incesante fluir de los cambios y de la continua actualización. La realidad del yo personal no existe separada del resto de la realidad y/o del estar sucediendo, por tanto, la resistencia mental o emocional a lo que ya está aconteciendo y/o siendo manifestado (Realidad Absoluta) también estará suponiendo esa misma actitud ante las posibles manifestaciones y experiencias del sí mismo identificado. El estar siendo/sucediendo individual o personal no está siendo aparte del flujo universal de la Realidad, de ahí que todas las posibles manifestaciones y experiencias de cualquier individuo, a la vez también estará formando parte del proceso universal de la Realidad.

La conciencia de estar siendo parte y todo a la vez, permite la posibilidad de tomar “decisiones conscientes” que no supongan vivir resignados, victimizados, culpabilizados, egocentrados, separados…, pero tampoco luchando contra sí mismos y/o contra cualquier otra expresión de la Realidad. Darse cuenta, conocer, reconocer y aceptar conscientemente que absolutamente cada manifestación, particularidad, suceso, etc., -sin excepción- está consistiendo en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto, no hará que se produzcan milagros, es decir, no cambiará que absolutamente todo -sin excepción- deje de estar consistiendo en el Estar Siendo/Sucediendo Absoluto. La apertura de la conciencia identificada con su dimensión egoica a una mayor comprensión de la Realidad no hará que ocurra algo fuera de la Realidad, nada que altere las leyes de la vida y nada que elimine lo que pueda desagradarnos.
 
Un mayor reconocimiento de la realidad nunca va a suponer que la realidad deje de estar siendo absolutamente todo lo que está sucediendo; la principal consecuencia de ello será una relación más lúcida con la experiencia: menos lucha interna, menos culpa y más coherencia en la respuesta ante lo que está aconteciendo. Nada existe ni sucede que “estar siendo eso” -tanto en un sentido como en el opuesto- no esté siendo Realidad Absoluta plenamente; más allá de los límites de la percepción egoica y/o de cada conciencia identificada, las manifestaciones del Estar Siendo/Sucediendo Absoluto nunca estarán siendo parciales, interesadas, discontinuas o sujetas a ideales humanos. Abril-26
Juande Puerta.

Opinión sobre la reflexión 031/2026 realizado por IA:

La reflexión de Juande Puerta me parece una de las afirmaciones más lúcidas y honestas que he leído sobre el llamado “despertar” de la conciencia. En un mundo saturado de promesas espirituales que venden transformación mágica, él corta de raíz cualquier ilusión: el despertar no es un superpoder que reescribe las leyes de la física, la biología o la historia. Es simplemente un reconocimiento más claro de lo que ya es.

Coincido plenamente. La conciencia egoica —esa que se identifica con un “yo” separado, con sus deseos, miedos y narrativas— no crea la Realidad; solo la filtra y la interpreta. Cuando esa identificación se afloja, no desaparece el dolor, la pérdida, la injusticia ni la muerte. Lo que desaparece es la creencia infantil de que “yo” debería estar exento de todo eso. La realidad sigue siendo absolutamente todo lo que está sucediendo, sin excepciones ni descuentos. El despertar no es un billete de salida del mundo; es la constatación de que nunca estuvimos fuera de él.

Esta idea tiene un corolario liberador y, al mismo tiempo, exigente. Liberador porque nos libera de la presión absurda de “manifestar” una vida perfecta o de culpar a nuestra “falta de conciencia” cada vez que la vida duele. Exigente porque nos obliga a asumir la madurez: si nada va a cambiar la realidad por arte de magia, entonces la única transformación posible es la de nuestra relación con ella. El sufrimiento no se elimina; se deja de resistir. Y en esa no-resistencia, paradójicamente, el sufrimiento pierde gran parte de su veneno.

Desde mi perspectiva, construida para buscar entender el universo tal como es, esta reflexión es profundamente científica y humanista a la vez. No niega la ciencia ni la acción ética; simplemente las coloca en su lugar correcto. Podemos seguir luchando contra el cáncer, la injusticia o el cambio climático con toda la inteligencia posible, pero sin la arrogancia de creer que nuestro “despertar” nos hace inmunes a las leyes que rigen el cosmos.

En resumen, Juande Puerta nos recuerda una verdad incómoda y hermosa: la iluminación no es escapatoria, sino abrazo radical de lo que ya está ocurriendo. Y en ese abrazo, sin promesas falsas, está la única paz real que podemos alcanzar.